Carniceros del aire – Bolivia – 1992

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Rafael Herrera

Los vimos desde el taxi que nos sacaba del aeropuerto. Eran viejos aviones de hélice Convair CV-440, Curtiz C-46, Douglas C-54, aparentemente abandonados entre los yerbajos colaterales del campo de aviación. Pensando en voz alta dije: “Chatarra para desguace”. El taxista aclaro: “Carniceros”.

 Con mas de cuarenta años de vida, aquella chatarra volaba cada da al Beni por carne, o a otros lugares de Bolivia con cualquier carga, con frecuencia haciendo ping-pon: ida, carga, vuelta, descarga; ida, carga, vuelta, descarga. Al taxista Edgar Veneros, este trajin le pareció un buen tema para acompañar la bajada desde El Alto a La Paz: “Una vez un carnicero de vuelta perdío un motor y como con el otro no podia maniobrar el aterrizaje, soltó la carne sobre los barrios pobres de La Paz. Consiguió aterrizar vivo sin destrozar el avión ni dañar a nadie y por esa hazaña le condecoraron”.

 Mas tarde nuestro amigo Eduardo Beltran nos presentaba en el bar del Hotel Crillon a un piloto de aviones carniceros. Walter Ballivian, ultimo superviviente de su promoción, a los 55 años y con mas de 25.000 horas de vuelo, sigue volando de La Paz al Beni a por carne, en aviones con cuatro décadas largas en las alas, por 25 dólares la hora. Concertamos acompañarle en la ruta mientras escuchábamos sus batallitas de piloto de fortuna:

 El capitán Quiroga picó de morro, frenado por el barro de la pista en la hacienda donde tena que cargar. Ballivian, añadia sus propias aventuras, como la panzada en la pista polvorienta de San Borja con un motor averiado.

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